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Homicidios se cuadruplican y crece microtráfico de drogas en Rosario

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  • Hace 2 meses

A orillas del río Paraná, Rosario es la tercera mayor urbe argentina, y su puerto sale al Atlántico por la hidrovía Paraná-Paraguay, que conecta a Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay con el océano Atlántico. Tiene cerca de 1.300.000 habitantes y es uno de los mayores centros de producción y exportación de granos de Argentina, y cuna de figuras conocidas internacionalmente, como Lionel Messi, el cantautor Fito Páez y el líder guerrillero Ernesto “Che” Guevara. Pero, desde hace dos décadas, se relaciona a Rosario, sobre todo, con la criminalidad de bandas violentas que venden cocaína.

Las disputas entre bandas criminales por la venta de drogas en distintas zonas de la ciudad son parte de la vida cotidiana en Rosario. Mucho menos visible resulta la otra escala del fenómeno: el narcotráfico en sus operaciones internacionales. Pero el secuestro de 1.658 kilos de cocaína en un galpón en el barrio Empalme Graneros, y el decomiso de otros 1.434 kilos en las ciudades de Santos y Rotterdam, procedentes del puerto local, pusieron este año en primer plano esa dimensión que parece alejada de la violencia callejera y del narcomenudeo cuando en realidad los abastece y encuentra una salida privilegiada a través de la hidrovía.

El criminólogo y docente de la Universidad Nacional de Rosario, Enrique Andrés Font, sostiene que, entre el tráfico transnacional de cocaína por la hidrovía, en el río Paraná, hacia el océano Atlántico, y la economía local de droga de Rosario, “no hay puntos de contacto, al menos hasta ahora”.

“No tenemos frontera con el principal país consumidor de cocaína, Estados Unidos”, subraya. Y la ruta de la cocaína por la hidrovía hacia el norte de Europa “no tiene más de seis o siete años”, mientras que la violencia de las bandas en Rosario lleva más de 20 años. Si bien “se han producido algunos movimientos grandes de droga a través del puerto de Rosario”, indica, la hidrovía es la principal ruta para la cocaína fabricada en Bolivia y Perú, y también para los cárteles de Brasil, hacia los grandes mercados internacionales.

“Pudiendo colocar la cocaína en Rotterdam o Amberes a más de 30 mil dólares el kilo, los grandes narcotraficantes no la bajan en Rosario”, aclara Font, que ha investigado varias causas por tráfico de cocaína. No obstante, “la cocaína que se consume en Argentina proviene, históricamente, sobre todo, de Bolivia y Perú, y frecuentemente, por diversos caminos, de Colombia”, señala el criminólogo citado por DW. Argentina es, según la ONU, el tercer país donde más se consume cocaína en el mundo.

Para la coordinadora del Centro de Estudios sobre Crimen Organizado Transnacional, Carolina Sampó, quien analiza las configuraciones y los métodos del narcotráfico a nivel global, el mercado del narcotráfico cambió desde la pandemia, se expande al impulso del incremento en la producción de cocaína y una de sus rutas es la hidrovía Paraná-Paraguay.

Microtráfico y homicidios

Ambos expertos coinciden que hay un incremento en la actividad del narcomenudeo de droga, particularmente cocaína, lo cual ha incluido en que se registre un mayor índice de violencia en las calles de Rosario.

De acuerdo con datos de la policía rosarina, la tasa de homicidios en Rosario se cuadruplicó en 2022 con relación a las estadísticas registradas en 2021. De acuerdo con el Observatorio de Seguridad Pública de Santa Fe (OSP), la gestión pasada un 70 por ciento de los 287 homicidios en Rosario estuvieron ligados a la disputa por un mercado residual de la droga en los diferentes puntos de venta. El narcomenudeo es llevado a cabo por los “transas” o vendedores, que han copado el mercado local.

“Ese mercado local de cocaína también está presente en la provincia de Córdoba, en la Ciudad de Buenos Aires, e incluso en lugares turísticos como Mar del Plata”, explica el criminalista Font. Sin embargo, la tasa de homicidios dolosos allí nunca es superior a 5 por cada 100 mil habitantes. No tienen las tasas de homicidio que han hecho tristemente famosa a Rosario, que, desde 2013, triplica las cifras de otras ciudades argentinas: con picos de 15 homicidios cada 100 mil, hasta llegar a 22 cada 100 mil.

A juicio de Font, la extensión de las bandas criminales en Rosario tiene que ver con que el fenómeno no es frenado debidamente a causa, en parte, de la ineficiencia de las autoridades, de la corrupción en la Policía y su complicidad con las mafias de microtraficantes de droga, tal como lo admite la propia fiscal María Eugenia Iribarren, y también de la connivencia judicial. Asimismo, destaca que Rosario cuenta con “formidables circuitos de lavado de dinero y de evasión impositiva vinculados a la economía legal”. Son los mismos circuitos por los cuales se lava el dinero del mercado local de drogas, dice. Sin embargo, aclara el experto, “lo que genera el mercado local de la droga, en comparación con la evasión impositiva de la soya, es un estornudo en un huracán”.

Pintan sus casas para evitar ataques

Mientras las casas de venta de drogas son atacadas, una curiosa petición por parte de la comunidad hacia los grupos criminales describe la oleada de violencia que experimenta Rosario. Luego de que en diferentes ocasiones hombres armados dispararan contra casas, un grupo de familias decidió pintar mensajes en las paredes externas, indicando que no son vendedores de droga y que dentro habitan niños.

Hay más de 30 puertos en Rosario

Hay más de 30 puertos en Rosario, lo que la ha convertido en una ciudad donde la droga puede circular ampliamente. Y eso ha impulsado la pugna por el control del tráfico para la venta interna. El microtráfico de droga ocurre en los barrios más vulnerables, como Los Pumitas, en el norte de Rosario, donde vivía Máximo Jerez, un niño de 12 años que fue baleado por un grupo de microtraficantes la primera semana de marzo.

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